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Mi perro me hace caso en casa, pero no en la calle: ¿por qué pasa?

Esperamos que disfrutes de este artículo

En casa todo va fenomenal. Le llamas y viene, le pides algo y responde, entrenáis juntos y parece que os entendéis perfectamente.

Sales a la calle y… adiós.

Aparece un perro, alguien corriendo, un olor maravilloso en una farola o simplemente llegáis al parque y tienes la sensación de que has dejado de existir.

Si te pasa, hay algo importante que entender: tu perro no necesariamente está decidiendo ignorarte ni “sabe hacerlo pero no quiere”.

Muchas veces ha aprendido a hacer algo en un contexto sencillo, pero todavía no sabe hacerlo con el nivel de dificultad que encuentra fuera. Y otras veces hay algo más: excitación, miedo, frustración, inseguridad o simplemente cosas que, en ese momento, son muchísimo más importantes para él que lo que tú le estás proponiendo.

Así que quizá la pregunta no sea “¿por qué mi perro no me hace caso?”, sino “¿qué está haciendo que ahora mismo le resulte tan difícil hacerme caso?”

Hacerlo en casa no significa saber hacerlo en todas partes

Para nosotros es bastante lógico pensar que, si un perro sabe sentarse, sabe sentarse. Da igual que estemos en el salón o en mitad de un parque.

Para el perro no es exactamente así.

Piensa en aprender a conducir. Una cosa es hacerlo por una urbanización tranquila y otra incorporarte a una autovía, de noche, lloviendo y con tráfico.

No has olvidado cómo se conduce. Simplemente, la situación es mucho más difícil.

Con los perros pasa algo parecido.

En casa hay pocos estímulos. En la calle aparecen olores, perros, personas, movimiento, ruidos, sitios que explorar, cosas que perseguir o cosas de las que quizá prefieran alejarse.

Por eso un perro puede responder perfectamente a una señal en casa y no hacerlo fuera.

No tenemos necesariamente un problema de obediencia. Tenemos que descubrir qué está haciendo que responder sea más difícil en esa situación.

Del salón al parque hay unos cuantos pasos

Este es uno de los errores que más vemos.

Entrenamos algo en casa:

—Ven.

Viene.

—Muy bien.

Lo hacemos unas cuantas veces y pensamos: perfecto, aprendido.

Y al día siguiente nos vamos al parque, está jugando con otros perros y probamos:

—¡Ven!

Nada.

—¡VEN!

Sigue jugando.

—¡¡¡VEN AQUÍ!!!

Y acabamos pensando: pues en casa me hace caso perfectamente.

Sí. Pero acabamos de pasar de primero de primaria a Selectividad sin hacer nada entre medias.

Si una conducta funciona en casa, necesitamos llevarla poco a poco a situaciones más difíciles: el portal, una calle tranquila, un parque vacío, un parque con algo de movimiento…

No hace falta tener una progresión perfecta. Simplemente no saltarnos todos los pasos intermedios.

Distancia, duración y distracción… y cómo está tu perro

Hay una regla sencilla que puede ayudarte a saber cuánto estás complicando un ejercicio: piensa en distancia, duración y distracción.

No es lo mismo pedir algo con el perro delante que estando a diez metros. Tampoco mantener una posición dos segundos que treinta. Y no es igual hacerlo solos que mientras otro perro corre delante.

Si aumentamos todo a la vez, podemos convertir un ejercicio sencillo en uno dificilísimo sin darnos cuenta.

Pero hay otra variable igual de importante: cómo está tu perro en ese momento.

La misma situación puede ser fácil hoy y demasiado difícil mañana. El cansancio, la excitación, el miedo, la frustración o una experiencia anterior también cuentan.

Por eso entrenar bien no consiste solo en seguir una progresión. También consiste en aprender a mirar al perro que tienes delante.

Entonces, ¿cómo consigo que me haga caso fuera?

Para empezar, cambiaríamos un poco el objetivo.

No queremos un perro que vaya por la calle pendiente de nosotros permanentemente. El paseo también es suyo.

Queremos un perro capaz de olfatear, explorar, tomar decisiones y relacionarse con el entorno y que, cuando sea necesario, pueda coordinarse con nosotros.

Para empezar a conseguirlo:

Busca situaciones en las que pueda acertar

Si en el parque lleno de perros no puede responderte, no empieces ahí.

Prueba en el portal, una calle tranquila o un parque a una hora con poca actividad. Cuando funcione, aumenta un poquito la dificultad.

Y si el problema aparece con un estímulo concreto, utiliza también la distancia.

Si a cinco metros de otro perro el tuyo deja de poder responder, quizá necesites empezar a quince.

No pasa nada.

Estar más cerca no significa estar entrenando mejor. Lo importante es encontrar unas condiciones en las que el perro pueda aprender.

No conviertas el “ven” en ruido de fondo

Seguro que alguna vez has hecho esto:

“Ven. Venga, ven. ¡Ven! ¡VEN! ¡Que vengas!”

Nos ha pasado a todos.

Si repetimos continuamente una señal cuando el perro no está en condiciones de responder, podemos deteriorar su fiabilidad: está acumulando experiencias en las que escucha esa palabra y continúa haciendo otra cosa.

Antes de llamar, prueba a hacerte una pregunta:

¿Mi perro tiene posibilidades reales de responderme ahora mismo?

Si está jugando a máxima intensidad con cinco perros y vuestra llamada todavía está empezando a construirse, probablemente ya sabes la respuesta.

En lugar de repetir más fuerte, cambia la situación.

“Ya, pero si llevo comida sí me hace caso”

Esta también la escuchamos muchísimo.

Y no, tu perro no es un interesado.

La comida es una herramienta estupenda para entrenar. La cuestión está en cómo la utilizamos.

Si antes de cada repetición tienes que enseñarle el trocito de comida para conseguir que haga el ejercicio, puede que esa comida haya adquirido demasiado protagonismo. El perro quizá esté respondiendo al paquete completo: veo comida + haces ese gesto + dices esa palabra.

No necesitas dejar de utilizar comida. Necesitas aprender a retirar las ayudas progresivamente.

Y tampoco todo tiene que pagarse con una chuche.

A veces lo que tu perro quiere es continuar caminando, ir a oler aquel árbol, volver a jugar o coger un juguete.

Saber qué quiere conseguir tu perro en ese momento nos da muchas más posibilidades para entrenar.

¿Y si deja de hacerme caso cuando ve otros perros?

Aquí tenemos que mirar un poquito más allá de la obediencia.

Imagina dos perros que, al ver a otro, tiran de la correa, ladran y dejan completamente de responder.

Desde fuera parecen tener el mismo problema.

Pero uno puede estar desesperado por acercarse y el otro intentando conseguir que ese perro se aleje porque le da miedo.

La conducta se parece. Lo que está ocurriendo no necesariamente.

Excitación, frustración, miedo, inseguridad o un enorme interés por interactuar pueden hacer que un perro deje de responder a cosas que conoce.

En estos casos, seguir pidiendo “siéntate, mírame, siéntate, mírame” puede no solucionar absolutamente nada.

Primero necesitamos entender qué está ocurriendo y buscar unas condiciones en las que ese perro pueda volver a gestionar la situación y aprender.

Prueba esto en vuestro próximo paseo

No esperes a perder completamente la conexión con tu perro para intentar recuperarla.

Empieza a fijarte en las veces que él conecta contigo sin que se lo pidas.

Está olfateando, termina y te mira.

Cambiáis de dirección y viene contigo.

Observa algo y después vuelve hacia ti.

Se aleja un poco y espontáneamente comprueba dónde estás.

Esos momentos tienen muchísimo valor. Refuérzalos.

No queremos convertir el paseo en veinte minutos de mírame, junto, siéntate, ven. Queremos que pueda disfrutar del entorno y, a la vez, aprenda que coordinarse contigo también merece la pena.

¿Cuánto tardará en hacerme caso en la calle?

Nos encantaría poder decirte “dos semanas”.

Pero no sería verdad.

Depende del perro, de su historia de aprendizaje, de qué le resulte difícil, del entorno, de sus emociones, de qué quiera conseguir y de cómo planteemos el entrenamiento.

Por eso nos gustan bastante poco las promesas tipo “consigue que tu perro te obedezca en siete días”.

Educar a un perro no consiste en tener una receta para cada problema. Consiste en entender qué está pasando y saber qué podemos modificar para ayudarle a aprender.

Y precisamente eso es lo que queremos enseñarte.

No queremos darte un truco para cada problema

Hoy has llegado hasta aquí porque tu perro te hace caso en casa pero no en la calle.

Mañana puede ser porque tira de la correa. Porque se excita muchísimo cuando aparece otro perro. Porque no sabes cómo enseñarle algo. Porque se frustra entrenando. O simplemente porque quieres aprender a comunicarte mejor con él.

Podríamos darte un truquito distinto para cada cosa.

Pero creemos que hay algo bastante más útil: enseñarte a entender cómo aprende tu perro y a saber entrenar con él.

Por eso creamos Adiestramiento Para Todos (APT).

En APT trabajamos ejercicios, dudas y situaciones reales. No queremos decirte únicamente qué tienes que hacer, sino ayudarte a entender por qué lo hacemos, qué estamos buscando y qué podemos cambiar cuando algo no funciona.

Porque el objetivo no es que tengas que buscar un vídeo nuevo cada vez que aparece un problema.

Es que cada vez tengas más herramientas para mirar a tu perro, entender qué está ocurriendo y saber por dónde empezar.

¿Quieres aprender a entrenar con tu perro?

En Adiestramiento Para Todos trabajamos desde los fundamentos del aprendizaje hasta problemas y situaciones reales del día a día, para que puedas aplicarlo con tu propio perro.

[Conoce Adiestramiento Para Todos →]

Preguntas frecuentes

¿Por qué mi perro me hace caso en casa pero no en la calle?

Porque fuera aumenta la dificultad. Aparecen nuevos estímulos, objetivos y emociones, y es posible que tu perro todavía no haya aprendido a responder en esas condiciones. Lo ideal es trasladar el entrenamiento poco a poco a distintos contextos.

¿Qué hago si mi perro no viene cuando lo llamo?

Empieza trabajando la llamada en situaciones en las que tenga posibilidades reales de responder y aumenta progresivamente la dificultad. Mientras la llamada no sea fiable, una correa larga puede darte margen para trabajar manteniendo la seguridad.

¿Por qué mi perro solo me hace caso si tengo comida?

Puede que la comida se haya convertido en una ayuda demasiado importante dentro del ejercicio. No necesitas dejar de utilizarla: aprende a retirar progresivamente la ayuda y a utilizar la comida como reforzador después de la conducta.

¿Mi perro no me hace caso porque es dominante?

No. Que un perro no responda a una señal no demuestra que esté intentando dominarte. Hay que valorar qué ha aprendido, qué ocurre en ese contexto, qué quiere conseguir y cuál es su estado emocional.